CAPITULO 3:
LA NOCHE DE LOS RUGIDOS MISTERIOSOS
Después de conocer a Lolo y a su enorme familia de dinosaurios, Manolo, Batracio y Patxi decidieron quedarse en la isla unos días más.
—Bueno… quizá muchos días más —dijo Manolo mirando la selva con emoción.
Aquella tarde construyeron un pequeño campamento junto a la playa.
Patxi preparó una gran olla de sopa.
Batracio montó una tienda de campaña… aunque quedó completamente torcida.
Y Manolo colocó un cartel que decía:
“Campamento Aventurero Súper Secreto”
—Perfecto —dijo orgulloso.
En ese momento, el cartel se cayó.
PLOF.
—Bueno… casi perfecto.
Cuando llegó la noche, la isla cambió por completo.
La selva estaba oscura.
Se escuchaban grillos, hojas moviéndose y extraños sonidos lejanos.
Lolo dormía cerca del campamento, acurrucado como un perrito gigante.
Pero de pronto…
GROOOAAARRR!!
Un rugido enorme resonó entre los árboles.
Manolo dio un salto.
Patxi dejó caer la cuchara de la sopa.
Y Batracio se escondió dentro de un barril… al revés.
—¿Habéis oído eso? —susurró Manolo.
GRRROOOAAARRR!!
El rugido volvió a escucharse.
Más fuerte.
Más cerca.
Lolo levantó rápidamente la cabeza.
Parecía preocupado.
—Quizá sea un dinosaurio gigante… —dijo Patxi temblando un poquito.
—O uno ENORME —añadió Manolo.
Batracio sacó lentamente una sartén de una mochila y la usó como casco.

—Tenemos que investigar —dijo Manolo intentando parecer valiente.
Aunque en realidad estaba un poquito nervioso.
Muy poquito.
Bueno… bastante.
Los tres cogieron linternas y siguieron a Lolo hacia la selva oscura.
Las ramas crujían bajo sus pies.
Las sombras parecían moverse.
Y cada vez el rugido sonaba más cerca.
GRRRROOOAAARRR!!
Patxi tragó saliva.
—Si algo intenta comernos… yo corro primero.
—¡Eso no ayuda! —susurró Manolo.
De pronto, encontraron unas huellas enormes en el barro.
—Mirad esto… —dijo Manolo.
Las huellas eran gigantescas.
Batracio metió accidentalmente los dos pies dentro de una de ellas.
—Definitivamente es un dinosaurio muy grande —dijo Patxi.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Lolo comenzó a caminar más rápido.
Después empezó a correr.
—¡Eh! ¡Espera! —gritó Manolo.
Todos corrieron detrás de él hasta llegar a una pequeña cueva iluminada por la luna.
Y allí… descubrieron al terrible monstruo que hacía aquellos rugidos.
Era un dinosaurio bebé.
Muy pequeño.
Muy redondo.
Y estaba atrapado entre unas rocas.
—¿Ese era el rugido aterrador? —preguntó Patxi sorprendido.
El bebé dinosaurio volvió a rugir.
GRRR… piiii…
Pero en vez de dar miedo… sonaba bastante gracioso.
Manolo se acercó despacio.
—No estaba intentando asustarnos… estaba pidiendo ayuda.
El pequeño dinosaurio tenía una pata atrapada.

Lolo empezó a empujar las piedras con cuidado.
Patxi ayudó usando toda su fuerza.
Y Batracio… bueno… Batracio tropezó accidentalmente contra una roca.
Pero gracias a eso, la piedra más grande se movió.
—¡Lo conseguimos! —gritó Manolo.
El pequeño dinosaurio salió de la cueva y comenzó a saltar feliz alrededor de ellos.
Era un pequeño Triceratops bebé.
Tenía dientes diminutos, brazos pequeñitos y unos enormes ojos brillantes.
—Hola, pequeñín —dijo Manolo sonriendo.
El Triceratops se acercó a Patxi y le robó un trozo de pan del bolsillo.
—¡Eh! ¡Ese era mi bocadillo!
El pequeño dinosaurio se lo comió de un bocado.
Todos comenzaron a reír.
En ese momento, unos pasos gigantes resonaron en la selva.
TUM… TUM… TUM…
Una enorme Triceratops apareció entre los árboles.
Manolo se quedó congelado.
Patxi abrazó la olla de sopa.
Y Batracio volvió a ponerse la sartén en la cabeza.
La gigantesca dinosaurio observó a su bebé… y después miró al grupo.
El pequeño Triceratops corrió hacia ella feliz.
La mamá dinosaurio soltó un suave rugido.
Parecía… un “gracias”.
Después desapareció lentamente entre los árboles junto a su pequeño.
El campamento volvió a quedarse en silencio.
Manolo respiró tranquilo.
—Bueno… creo que esta ha sido suficiente aventura por una noche.
—Yo voto por dormir —dijo Patxi.
Batracio ya estaba dormido dentro del barril.
Y mientras las estrellas brillaban sobre la Isla de los Dinosaurios, nuestros aventureros descubrieron algo importante:
A veces, los rugidos más aterradores…
solo esconden a alguien que necesita ayuda.
Curiosidad dinosaurio 🦖
El Tyrannosaurus Rex tenía dientes enormes y una mordida muy poderosa.
Pero los bebés T-Rex nacían pequeñitos… ¡como todos los animales!



